martes, 8 de junio de 2010

Remembranzas...


Que levante la mano quien no ha escuchado alguna vez de sus padres y madres o bien de sus abuelos/as sobres las viejas usanzas y costumbres de cortesía y buena educación del pasado Salvadoreño, a quien no se lo recuerdan cuando ni los buenos días damos en nuestra casa, mientras hacemos mala cara y decimos forzadamente ese buenos días, que damos al final más en términos de robo que de un regalo...


Hoy algo me hizo pensar mucho en ello y reflexionar sobre la desconfianza y la ostilidad con la que nos manejamos, parece que no solo al manejar un vehículo nos conducimos a la defensiva, si no en todo lo que hacemos y en todo momento de la vida, y así cómo al manejar dejamos de lado la cortesía y la alegría, vamos con la predisposición, la desconfianza y el enfado por delante.


Cómo bien nos pasa a muchos por las mañanas, éste día me dirigía corriendo y llevado por los diablos a mi trabajo, era tarde y me esperaban en una reunión, y con toda esa prisa que llevaba no sé cómo me quedo tiempo para sonreirle y decirle buenos días aun anciano que traía su periódico a casa, al cual casi atropello (yendo a pie jeje), debo reconocer que muy probablemente la sonrisa y el saludo apenas fue un auntoreflejo más que un acto consiente de cortesía y deferencia con dicho anciano.


Pero bien, el anciano extendió el brazo hasta mi hombro y me pidió un segundo de tiempo, mientras bajaba la mano para darme un fuerte estrechón de manos, yo con cara de extrañeza paré adonde estaba y sonreí de nuevo, aunque mi angustia por mi tardanza me agobiaba.
El anciano con una gran sonrisa me dijo ¨muy amable joven, hace mucho que un desconocido no me daba un saludo y una sonrisa coma la suya, me hizo usted recordar mis tiempos, cuando naturalmente todos saludamos al paso al prójimo que encontrábamos, me ha dado usted un regalo, gracias, disculpe por detenerlo con la prisa que se ve lleva usted, buen día.¨


Debo confesar que a mi tampoco ningún desconocido me ha tratado con la deferencia del mencionado anciano y apenas pude mantener la sonrisa mientras lo escuchaba, cuando seguí caminando, ya no me atenazaba la angustia de mi tardanza, me invadió una agradable sensación que me duro el resto del día y que ahora me hace pensar en el desperdicio de energías positivas que hacemos a diario entre congéneres, cuando nos negamos algo tan sencillo y significativo cómo un saludo y una sonrisa.


De la nada hoy saqué una lección que me vale oro y que quise compartirla con ustedes: Que un saludo y una sonrisa puede cambiar un día, y que el mundo es mejor si todos/as sonreímos mientras lo recorremos...

1 comentario:

  1. Ojalá nunca dejaramos de sonreir... si nos esforzamos diariamente por ir al trabajo, ser responsables, cumplir con las obligaciones, SONREIR no debería ser un problema, por que más que alegrar a los demás... nos permite una paz interna =)
    POR FAVOR NO DEJES DE SONREIR... aunque vayas tarde al trabajo jejeje

    ResponderEliminar