“… es que nosotros ya somos ciudadanos, por lo tenemos derechos …”
A menudo al decir que somos ciudadanos de tal o cual país implícitamente aceptamos que formamos parte de la comunidad que lo habita y nos identificamos con ciertas practicas sociales y culturales que ahí se practiquen, esto nos lleva a sentir que pertenecemos a ese lugar y que por lo tanto poseemos los mismos derechos inherentes, y a las mismas obligaciones y responsabilidades que cualquier otro miembro de la comunidad.
Ser ciudadano implica entonces una convivencia diaria y acoplarse a ciertas normas y reglas preestablecidas –aunque muchos opinen que son un control sobre la decisión individual de cada persona- necesarias para el funcionamiento del sistema actual.
Ser ciudadano en la actualidad se ha reducido a un simple titulo honorífico que es otorgado a las personas que se ocupan de alguna labor pública, también se aplica este titulo a aquellos emigrantes que han vivido por cierto tiempo en un lugar especifico.
Un ciudadano debería ser todo aquel capaz de tomar el poder concedido en tal denominación, es decir hacer valer tanto sus derechos individuales como los sociales y a su vez tomar su responsabilidad con las obligaciones que se adquieren al adjudicarse dicho titulo, en pro de construir un mejor lugar de convivencia.
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